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TACRINA, LA PRIMERA ESPERANZA PARA LA ENFERMEDAD DE ALZHEIMER
Marzo de 1997

La tacrina (CognexR ; Parke-Davis) es el primer medicamento aprobado por el Ministerio de Sanidad español y comercializado en nuestro país para el tratamiento de la enfermedad de Alzheimer.

En la enfermedad de Alzheimer existe una menor concentración de acetilcolina, el neurotransmisor de la memoria, a nivel cerebral por lo que aparece el principal síntoma de la enfermedad, la alteración de todas las funciones relacionadas con la memoria: el enfermo de Alzheimer olvida todo, desde cómo se llama hasta qué es una cuchara y para qué sirve.

La tacrina es una sustancia que aumenta la cantidad de acetilcolina a este nivel porque bloquea la enzima (la acetilcolinesterasa) que destruye al neurotransmisor en el cerebro. Para ello, este medicamento debe administrarse cuatro veces al día y a largo plazo.

Nuevas Herramientas Diagnósticas

Un problema con el que se encontraron los investigadores al realizar estos estudios fue que no existían las herramientas, escalas cognitivas ni tests psicológicos de evaluación a corto, medio ni largo plazo de la eficacia de un medicamento para la enfermedad de Alzheimer, por lo que hubo que crearlas o adaptarlas a partir de otras. Es decir, que la tacrina, además, ha servido para organizar toda una batería de una docena de tests y pruebas útiles para el diagnóstico y la evolución de la enfermedad, que a su vez sirven para demostrar que un fármaco es eficaz frente al Alzheimer.

El grupo de los Dres. Jordi Peña (Hospital del Mar), Miquel Aguilar (Hospital Mutua de Terrassa) y Rafael Blesa (Hospital Clinic) ha trabajado duramente, al frente de un numeroso equipo de personas para validar todas las escalas y tests que se utilizan internacionalmente en la evaluación de la enfermedad de Alzheimer. Este conjunto de herramientas está formado por pruebas y tests que evalúan la enfermedad desde cuatro puntos de vista diferentes: cognitivo (MiniMental Test, ADAS), actividades de la vida diaria (RDRS, escala de Pleset), opinión de los familiares y de observadores médicos.

Un poco de historia

A principios de los años 80 se publica un trabajo en la prestigiosa revista científica The New England Journal of Medicine, en donde 12 de los 18 enfermos estudiados presentaron una espectacular mejoría. Estos buenos resultados hicieron que la industria farmacéutica propietaria de la tacrina se decidiera a seguir investigando. Más de 10 años de estudios en muchos pacientes con esta enfermedad culminaron con su comercialización en los Estados Unidos en setiembre de 1993. Dos estudios fueron cruciales en este sentido, en los que participaron más de 600 pacientes, con unos criterios diagnósticos y de clasificación de la enfermedad de Alzheimer más homogéneos, utilizando nuevos instrumentos de evaluación desarrollados al efecto. Los resultados mostraban la eficacia sintomática de la tacrina sobre la enfermedad y la buena tolerabilidad del medicamento.

La tacrina en España

Una vez comercializada la tacrina en los Estados Unidos, tanto los médicos como las asociaciones de familiares de enfermos con Alzheimer trabajaron para traer el medicamento a España, y el Ministerio de Sanidad español aceptó un protocolo de estudio con objeto de confirmar, no la eficacia del fármaco, sino la ausencia de efectos secundarios diferentes de los registrados en los estudios americanos, entre los pacientes con enfermedad de Alzheimer en nuestro país. Para ello se estudiaron 237 pacientes en 18 hospitales españoles, bajo la coordinación del Dr. Rafael Blesa, con un protocolo idéntico al de los estudios americanos. Los resultados de este estudio español demuestran que los efectos secundarios son similares a los descritos en los estudios americanos, lo que ha permitido la comercialización de la tacrina también en España para el tratamiento de la enfermedad de Alzheimer en fase leve a moderada, hace escasamente un mes.

Estos resultados confirman que el 70% de los pacientes toleran perfectamente el fármaco a largo plazo. El 30% restante de pacientes padecen efectos secundarios gastrointestinales (náuseas, vómitos, diarreas, dolor abdominal) o elevaciones de las transaminasas hepáticas. Estos efectos secundarios son leves y manejables, con los adecuados controles analíticos periódicos, en el 93% de los pacientes, es decir, que no obligan a interrumpir el tratamiento. Ello representa que al menos 9 de cada 10 pacientes pueden tomar el medicamento a largo plazo.

La investigación sigue adelante

La tacrina es la punta de lanza, el primer medicamento que ha demostrado que se puede hacer algo frente a la enfermedad de Alzheimer. Pero la investigación de nuevos medicamentos está en marcha y avanza rápidamente. En una reciente reunión en Niza sobre nuevas moléculas diseñadas específicamente para el tratamiento de la enfermedad de Alzheimer, en fase de investigación y desarrollo, se presentaron más de 100. Algunas de ellas ya están siendo estudiadas en enfermos, y ya hay un producto, el E2020 -aún no tiene nombre-, bastante parecido a la tacrina que probablemente se comercializará el próximo año en EEUU.

Algo más que tratamiento sintomático

Este tratamiento sintomático tiene como objetivo mejorar la pérdida de la memoria y es eficaz mientras se está tomando. Sin embargo, un reciente análisis a largo plazo sugiere que existe un cierto efecto enlentecedor de la enfermedad. Este trabajo, que se publicará en agosto en la revista Neurology, demuestra que los pacientes con enfermedad de Alzheimer que tomaban menos de 120 mg/d de tacrina ingresaban en residencias una media de un año antes que los que tomaban 120 mg/d o más. Además, también parece existir una menor mortalidad en el grupo que tomaron las dosis de 120 mg/d o más.

Nuevas esperanzas

"Estoy entusiasmado e ilusionado por el hecho de que tenemos cosas nuevas" afirma el Dr. Blesa, "la tacrina es un escalón más que nos ha permitido subir a un nivel superior desde donde se tiene una nueva perspectiva de la enfermedad y su tratamiento".

El mensaje que el Dr. Blesa quiere que llegue a enfermos de Alzheimer y sus familiares es que "es una esperanza, un medicamento útil, pero que no vamos a quedarnos aquí, porque aunque es el primer medicamento que hay que hace alguna cosa, vamos a seguir trabajando".

¿Qué hace la tacrina? "A veces nada que note la familia, pero a veces enfermos de Alzheimer vuelven a mostrar aspectos positivos en las actividades de su vida diaria y vuelven a hacer cosas que desde hacía seis meses no realizaban" afirma.


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