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INFECCIONES POR HONGOS: EN VERANO MÁS
En verano aumenta un 20-25% el número de consultas relacionadas con las infecciones cutáneas producidas por los hongos. Las llamadas dermatomicosis son más frecuentes en verano porque se reúnen las condiciones de aumento de temperatura y humedad que facilitan la proliferación de estos microorganismos y porque el ser humano busca en verano el contacto con la naturaleza y el aire libre y con determinados lugares públicos en los que entra en contacto directo y frecuente con los hongos. Se engloban con el nombre genérico de micosis las infecciones producidas por las especies de hongos consideradas patógenas para el hombre. Los hongos son organismos vivos que por sus características biológicas se clasifican aparte de vegetales y animales. Se diferencian de las plantas en que no contienen clorofila y no realizan la fotosíntesis a partir de la luz del sol, por lo que deben buscar otra fuente de energía, la que encuentran en el hombre, los animales y las plantas. La mayoría de ellos son saprófitos, es decir, viven a expensas de un huésped sin causarle ningún perjuicio y en determinadas ocasiones, cuando se dan las condiciones apropiadas para ello, se comportan como patógenos, es decir, son capaces de producir enfermedad. Se han descrito más de 100.000 especies de hongos en la naturaleza, de las cuales, alrededor de 100 han demostrado ser patógenas para el ser humano. Sin embargo, no conviene olvidar el efecto beneficioso de muchas otras especies, conocido y utilizado desde épocas antiguas en la alimentación -las setas-, en la industria cervera y vinícola y en la producción del pan y del queso -levaduras y mohos-, y muy especialmente en la obtención de antibióticos tan importantes para la medicina como la penicilina o la estreptomicina. En función de si afectan a estructuras superficiales, a tejidos subcutáneos o a órganos internos, las micosis se clasifican en superficiales o dermatomicosis, subcutáneas y profundas o sistémicas. Las micosis superficiales o dermatomicosis son las más frecuentes, representando más de las tres cuartas partes de todas las micosis; afectan alrededor del 25% de la población, llegando al 40% en algunos grupos con mayor predisposición; y se localizan en las capas más superficiales de la piel y sus anejos: el pelo y las uñas y las membranas mucosas. Las dermatomicosis se pueden transmitir de forma directa, de persona a persona, o indirecta a través de objetos contaminados, generalmente de uso personal o compartido por muchas personas y en especial, en ambientes en los que haya abundante agua, humedad y temperatura elevada (piscinas, saunas, vestuarios, gimnasios, etc.).
Dermatomicosis Las dermatomicosis, representan unas de las infecciones más comunes en los seres humanos, por lo que son un motivo de consulta dermatológica frecuente. Son infecciones de carácter benigno, que a diferencia de las micosis profundas no implican riesgo alguno para la vida del paciente. Los principales hongos implicados son los Dermatofitos pertenecientes a los géneros Trichophyton, Microsporum y Epidermophyton, el moho Malassezia furfur y la levadura Candida. Todos ellos tienen una especial predilección por afectar tejidos ricos en queratina como la piel y sus anejos, pelo y uñas, así como las membranas mucosas. Los dermatofitos se clasifican en antropofílicos, zoofílicos y geofílicos según sea su fuente de contagio: hombre, animal o suelo. el origen. Los primeros afectan únicamente a las personas y aparecen como brotes epidémicos en comunidades cerradas. Los segundos afectan a los animales y el contagio se adquiere a partir de animales contaminados y son los más frecuentes en las estadísticas de prevalencia, mientras que los geofílicos forman parte del suelo y el hombre los adquiere por contacto directo o por inhalación de esporas. El calor y la humedad son dos de los factores principales que favorecen la aparición de las dermatomicosis, lo que hace del verano una estación propicia para el desarrollo de este tipo de infecciones. Las zonas de roce como los pliegues axilar, mamario, inguinal e interdigital son las que se afectan con mayor frecuencia. Además del clima, intervienen otra serie de factores como la edad, el sexo, la profesión, la higiene y ciertas enfermedades de base. Generalmente, las dermatomicosis son más frecuentes entre los adolescentes y los adultos jóvenes y suelen afectar por igual a hombres y mujeres. Los profesionales que trabajan en contacto con animales están más predispuestos al contagio (veterinarios, matarifes, etc.). La falta o el exceso de higiene junto con el uso de jabones demasiado alcalinos o ácidos que alteran el manto lipídico protector de la piel son factores predisponentes. Y por último, la existencia de enfermedades que alteren el sistema inmunológico como la diabetes, el cáncer, entre otras, así como los tratamientos prolongados con antibióticos o corticoides. Identificación de las dermatomicosis Clínicamente, las dermatomicosis se manifiestan en forma de lesiones cutáneas redondeadas u ovaladas, generalmente enrojecidas, que se descaman y con el borde activo ligeramente elevado. La piel suele estar seca y se descama con facilidad, observándose además fisuras y lesiones más profundas en las infecciones del pie. El síntoma principal que caracteriza a estas infecciones es el picor o prurito. En la inmensa mayoría de ocasiones la lesión aumenta de tamaño o en número y es preciso el tratamiento específico de las micosis con antifúngicos. Casi todas estas infecciones se diagnostican con facilidad dado su aspecto clínico característico y su evolución y sólo es necesaria la confirmación por laboratorio y microscopía óptica de los casos dudosos y cuando no responden al tratamiento. Las tiñas se suelen denomonar en función de la parte del cuerpo que afecten y así existe la tiña de la cabeza o de la barba, la tiña del cuerpo, la tiña de la ingle, la tiña de la mano o la tiña del pie. De todas ellas, la más frecuente y que afecta a un elevado procentaje de personas, especialmente a gente joven, es la tiña del pie conocida desde finalkes del siglo pasado y denominada popularmente como "pie de atleta". El "pie de atleta" es una infección muy contagiosa producida especialmente por especies antropofílicas de dermatofitos siendo Epidermophyton flocossum, Trychophytum rubrum y T. mentagrophytes los géneros que se aislan con mayor frecuencia. Generalmente, la infección se adquiere de forma indirecta a través de objetos de uso personal contaminados como toallas, zapatos, calcetines, etc. y a partir de lugares de uso público contaminados como piscinas, duchas públicas, vestuarios, etc., motivo por el cual afecta con frecuencia a gente joven y sobretodo a deportistas (atletas). Típicamente la forma interdigital, que es la más frecuente, afecta especialmente al cuarto espacio interdigital y a los pliegues de flexión del pie apareciendo lesiones en forma de placas maceradas, blanquecinas o blando-grisáceas, que se descaman, y con fisuras dolorosas, acompañándose de picor intenso o sensación de quemazón. Las lesiones pueden extenderse a los pulpejos de los dedos, zona anterior de la planta y dorso del pie. La pitiriasis versicolor es otra de las infecciones fúngicas superficiales que aparece característicamente durante la época estival. A diferencia de los otros tipos de dermatomicosis, no es una enfermedad contagiosa. Está producida por el moho Malassezia furfur, la forma patógena de Pytirosporum ovale, una levadura saprófita de la piel humana. El aumento de las condiciones de temperatura y humedad que acompañan al verano facilitan el paso de levadura a moho y el desarrollo de la enfermedad. Pero también intervienen otros factores como una mayor concentración de ácidos grasos, aumento de la sudoración y situaciones de que disminuyen las defensas inmunológicas. Las lesiones suelen desaparecer lentamente en las épocas más frías del año para volver a desarrollarse al verano siguiente. Se manifiesta en forma de manchas ovaladas, con tendencia a confluir, formando placas de gran tamaño, poco pruriginosas y descamativas, que suelen afectar a la parte alta del tronco. Las lesiones pueden ser marronáceas, rosadas, blancuzcas o amarillentas, de ahí el nombre de versicolor. Los síntomas suelen ser suficiente para establecer la identificación siendo característico que las escamas salten fácilmente con el rascado, lo que se conoce como "signo de la uñada", lo que demuestra que la lesión está activa y la diferencia de una lesión hipopigmentada residual. Tratamiento con antifúngicos La mayoría de las dermatomicosis responden al tratamiento tópico existiendo en el mercado una amplia gama de fármacos antifúngicos. Entre estos, tienen especial interés los llamados derivados azólicos, un grupo creado a partir de clotrimazol, que por sus características farmacológicas sigue siendo el más utilizado en todo el mundo, ya que es capaz de solucionar alrededor del 90% de las dermatomicosis cualquiera que sea su localización y cualquiera que sea el hongo responsable de la misma. En ocasiones es conveniente prolongar el tratamiento durante una o dos semanas después de conseguir la mejoría clínica. Cuando el tratamiento tópico no es suficiente se debe recurrir al tratamiento por vía oral. El uso de estos fármacos junto con la adopción de una serie de medidas higiénicas permiten acelerar el proceso de curación y prevenir las reinfecciones. Generalmente, el diagnóstico de las dermatomicosis no comporta excesiva dificultad lo que facilita, una vez reconocidos los signos y síntomas, que estas infecciones puedan ser identificadas y tratadas también en el ámbito de la farmacia, puesto que representa uno de los puntos de atención sanitaria del primer escalón de la asistencia primaria. Sólo en el caso de que la lesión no mejore a los pocos días o cuando aparezca una clínica diferente será necesario consultar con el médico para descartar la presencia de otras enfermedades que tengan un tratamiento específico y diferente. |